
Relato: Homoeroticus
Relato de Roberto Cantos. Traducido por Luismi McGregor. Nadie recuerda cómo se llamaba el joven, ni en qué asentamiento creció, ni por qué se perdió un día, al poco de agravársele la voz. Durante largos días de sed y piel abrasada por el sol, el joven recorrió la tierra de las rocas rojas. Su sombra era ya fina; su aliento, apenas un silbido cuando el gran mongolongo de espalda plateada lo encontró y, con bufidos de satisfacción, lo arrastró hasta su guarida inmunda, pero inusualmente coqueta. En los primeros días, el gran mongolongo alimentó y cuidó al joven. Le dio agua en el cuenco de sus manos encallecidas y granos y raíces que ablandaba masticándolos en su propia boca.