
Relato: La vida sigue
– ¡Para, para, lo vas a escojonciar todo! No había terminado de decirlo cuando el hidráulico hizo un siseo extraño, se atascó totalmente extendido y de sus juntas empezó a manar todo el líquido que impulsaba el sistema. El charco se extendió por el suelo, el generador se ahogó con un quejido y el ascensor se detuvo con un parón brusco entre el primer y el segundo nivel. – ¡Maldición, maldición y mil veces maldición! – maldijo René arrojando su gorra al suelo y pisándola, con gran alarde de aspavientos innecesarios. – Te dije que no hacía falta recalibrar el condensador de fluzo, que hicieses la prueba otra vez con los parámetros anteriores. – ¡Entonces el ascensor no hubiese llegado