Relato: La Banda de La Trini – Acto II

La Banda de la Trini

Acto II – Django

El segundo de La Trini es Django “El Hijo Puta”, y ya te puedes imaginar cómo debe ser el cabrón para que se haya ganado ese nombre de vida en el Páramo. Tiene un criadero de perros de caza, el mejor de todo Puentechatarra, en realidad es el único, ya que se ha cargado a toda la competencia.

El último que quedaba era el de Rick “Mediopolvo”, le llamaban así porque un perro se le comió un huevo. Pero el negocio se le acabó cuando El Hijo Puta se fue un día con todos sus perros al criadero de Mediopolvo y los soltó allí. Menuda matanza. ¡Incluso el famoso “Zanjas”! ¡Oh Zanjas! ¡Qué gran guerrero! Sus crías eran siempre las ganadoras en todas las peleas de perros de Sinagua. Era un animal extraordinario, algunos decían que tenía algún tipo de cruce con mordedor, porque sus colmillos eran afilados y finos como los de esas bestias y su pelo negro y áspero, y si no hubiese sido tan grande y corpulento, me lo hubiese creído a pies juntillas.

Pero a lo que interesa, la pelea fue memorable. Rick dejó suelto a Zanjas, que daba dentelladas a diestro y siniestro destrozando a todo animal que se encontraba a su camino amigo o enemigo. Django durante toda la sangría tenía a un joven perro atado a su mano. Mientras había sangre y vísceras caninas por todos lados, Dingo, que así se llama, ni se inmutaba. El cabrón parecía una estatua de arena. No ladraba, no gruñía, ni se movía, nada. Es pequeño, fuerte, pero no llegaba a la barbilla de Zanjas si quiera. Django muy tranquilo soltó la correa y Dingo lo miró esperando una orden. El Hijo Puta sólo tuvo que señalar con un movimiento de barbilla hacia Zanjas y éste se fue tan tranquilo hacia él, pasando sobre cadáveres de sus congéneres apilados. De repente Zanjas y Dingo se pusieron frente a frente, y los demás gladiadores caninos increíblemente pararon de luchar. Zanjas incluso pareció dudar de si merecía la pena pararse por ese insignificante chucho, o quizás es que le infundía respeto. Pero Dingo se giró ingenuamente, dejando su flanco izquierdo indefenso, un fallo de principiante, y Zanjas no dudó en hincar el diente a su pata trasera, así ya no podría impulsarse. La pelea estaba ganada. Pero ahora viene lo fuerte, ponme otro chupito de Cienfuegos y te sigo contando.

Un poco más, no seas rácano. Así va bien. ¿Por dónde iba? Ah si, por el mordisco en la pata. ¡Dingo no se quejó! Zanjas le estaba arrancando la pata y el puto perro no aullaba si quiera. Su gesto era de dolor, pero miraba a Django como esperando una señal. Su amo bajó la cabeza y como un resorte, Dingo pegó un tirón de su pata, que se quedó de cuajo en la boca de Zanjas, se revolvió más rápido que un rayo y le metió un mordisco en el cuello. El pobre Zanjas tenía la boca llena con la pata del chucho y no pudo reaccionar a tiempo.

¡Se lo cargó tron!, el puto chucho se llevó 3 cigarrillos enganchado al cuello de Zanjas, hasta que cayó al suelo desplomado. Los demás perros de Mediopolvo yo creo que se tendrían que cagar, porque metieron el rabo entre las patas y fueron uno por uno a presentar respetos a Dingo. El chucho se levantó con una pata menos chorreando sangre y los demás perros le siguieron con las orejas gachas ante el asombro de Rick. El Hijo Puta le cauterizó la herida con fuego, se la vendó y cágate: sacó un trapo limpio que envolvía una pata de metal trasera izquierda y se la colocó a su perro.

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