Bestiario del Páramo: Mongolongos

BestiarioDrSiriousHola trons.

Como todo quisqui sabe, el Páramo está lleno de bichos peligrosos, que te pueden arrancar las pelotas a poco que te descuides. Normalmente la basca se va por ahí a verlas venir, sin coscarse de qué bestia se puede encontrar, y luego pasa lo que pasa. Por eso he decidido dedicar mi vida a ser un masca de estos temas, siendo Bichólogo y Mutardólogo Oficial del Gremio Electroprotéico de la Carne y el Metano de Puentechatarra (del que soy miembro fundador, y también presidente, secretario, tesorero y especialista de campo). Soy el doctor Sarious e intentaré en esta Guía de los animales, criaturas y mutaciones del Páramo realizar un estudio chachi de los bichos que pueblan nuestro mundo.

¿Alguna vez has oído la expresión “Que te folle un mongolongo”? Pues que sepas que esas criaturas existen y son lo peor, pero lo peor de lo puto peor, que te puede pasar en el Páramo. Ni un ataque de una raptura ni nada parecido. Cruzarte con un mongolongo en su territorio equivale a sufrir un nivel de humillación y vejación que no te atreverás a contar a nadie, e incluso a mi, reputado científico de Puentechatarra, me ha costado mucho recabar relatos e información sobre ellos.

Descripción

Los mongolongos son criaturas simiescas, tan altas como un hombre o más, aunque lo normal es que no lo aparenten porque caminan engoriladas hacia delante ayudándose de sus extremidades superiores, que son por lo menos el doble de grande que las patas, para moverse más rápido a cuatro patas. Todo su cuerpo está cubierto de un pelaje que puede variar desde el blanco o gris hasta el marrón claro o naranja, bastante largo y tupido, a excepción de sus pies, manos y rostro de primate. La zona del trasero, no obstante, adquiere unas tonalidades más oscuras que pueden ir desde el rojo hasta el marrón caoba. Un miembro viril que pasa del grande al tamaño gargantuesco, les cuelga entre las piernas, balanceándose de manera casi hipnótica cuando se mueven… o eso me han dicho, vamos. El entrecejo prominente, los pómulos angulosos y unos labios gordotes son los rasgos más destacados de su rostro, en el cual unos ojillos de rata almizclera otean sin cesar sus alrededores en busca de comida o presas. Sin embargo, el principal sentido que usan es el oído, con el que tratan de localizar hembras.

Hábitat

Las zonas apartadas y rocosas, quebradas solitarias y barrancos poco transitados suelen ser los lugares favoritos de estos seres. Se contentan con habitar en cuevas o grutas naturales, donde se refugian de las inclemencias del tiempo y se retiran a comer los hierbajos, zarzas o frutos que puedan encontrar en sus correrías (por lo que he podido investigar, son básicamente vegetarianos). No parece que sean especialmente sociables o dados a formar manadas entre ellos, aunque sí se pueden encontrar grupos de dos o tres individuos que compartan la misma cueva en caso de necesidad. Sin embargo estos grupos duran bien poco, ya que siempre hay algún mongolongo que no puede resistirse a sodomorri… , somozi…, sodozi… encular a otro, y se arma un cristo de cuidado.

BestiarioMongolongoComportamiento

Los mongolongos viven en un estado de celo permanente. Las hembras deben ser más escasas que el pelo de mi tío tercero Paco el Bolabillar, porque los machos están salidos como el pitorro de un botellijo 365 días al año. Su única actividad durante todo el tiempo de luz diurna es comer y follarse a todo bicho viviente que se cruce en su camino, con esos rabazos enormes que les cuelgan de la entrepierna como mangueras de bombero mal recogidas. El ataque de un mongolongo suele ir precedido de restallantes sonidos secos producidos por sus gruesos nudillos golpeando las rocas, que avisan a los posibles competidores de que la presa a la vista es suya y deben mantenerse al margen, como mi tía Renata cuando ve un chuletón. Y que nadie se ponga a gritar como una nenaza, porque los sonidos de horror de la gente de bien del Páramo son muy parecidos a los que produce una hembra de mongolongo en celo, y solo lograría atraer aún más a estos bujarrones.
Luego el mongolongo acecha a su presa mientras se acerca, tratando siempre de cogerla desprevenida y por retaguardia para lanzarse sobre ella a traición. En el último arreón antes de reventarle el cacas profiere unos gruñidos de placer y excitación realmente desagradables, que dejan a su víctima indefensa y lloriqueante. Cualquier animal o persona es un objetivo válido, ya que los mongolongos no hacen ascos a nada y se la pueden endiñar tranquilamente a una persona, un mutardo, un terraburón despistado o incluso un galligarto (que seguramente morirá empalado en el proceso)… lo único que parece no se follan son los martinejos, habrán aprendido que es malo para sus manubrios empalar a un martinejo estresado.
Los coitos son rápidos, brutales y muy dolorosos, según supervivientes que prefieren mantener su anonimato, durante los cuales el mongolongo no deja de gruñir y babarse en la nuca de su presa. Una vez saciado su apetito sexual se van sin despedirse ni dar un simple abrazo, dejando a su presa magullada y llorosa en el suelo. Pocas cosas hay mas jodidas en el Páramo que te viole un mongolongo… bueno, si. Que un mongolongo se confunda, te pille por delante y te salte todos los dientes. O un tragabolas de las marismas… uuuuuuuuuuuuuf… pocas cosas son más jodías que un tragabolas.

Usos

Cazar mongolongos fue una actividad bastante popular en las zonas rocosas al sur de Puentechatarra hace bastantes años, pero el riesgo a ser emboscado por alguna de estas criaturas si te apartabas del grupo era tan grande que poco a poco se fue abandonando la costumbre. Los cuerpos de estos follarines simiescos demostraron que su carne era dura, correosa y de sabor repugnante, mientras que su pelaje era tan duro y áspero que sólo podía servir para hacer cepillos para pulir metal. Sus dientes pueden ser un trofeo interesante que lance el mensaje a tus rivales de que con tu culo no se juega, y sus pelotas se venden en algunos mercadillos como afrodisiaco para pichaflojas. Hay quien incluso disecciona sus zarpas pa cenicero de los pitis y algún gilimierdas cocinitas le ha dao últimamente por servir sorbetes de sesos de mongolongo… que dicen que no están mal, pero cuestan un cojón debido a lo chungos que son de cazar y el plus que cobra el cazador por el peligro que corre el ojete de su culo. Pero por lo demás con ellos se puede hacer lo mismo que con la suegra de mi cuarta mujer: mandarlos a tomar por culo. Vivos, no obstante, son una fuente constante de leyendas, cuentos para asustar a los niños (¡y a los mayores, no te jode!) y refranes populares como “Que te folle un mongolongo”, “Y un mongolongo pa tu culo”, “Me pones como un mongo”, “Estar más salido que un mongolongo” o “No vales ni pa cebo de mongolongo”.

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